miércoles, 19 de diciembre de 2012

Poner al Estado de Rodillas I: El secuestro del Keynesianismo.


MIÉRCOLES, 12 DE DICIEMBRE DE 2012   FLORENTINO ROGERO

"Padre no los perdones, porque saben lo que hacen". Vladimir Jankélévitch. (Cita introductoria de Las voces del Pamano, de Jaume Cabré).

Los que votamos, desde el convencimiento, a favor de la Constitución de 1978  con nuestra entonces recién estrenada mayoría de edad, defendemos el papel central del Estado democrático para el correcto funcionamiento de la sociedad y la redistribución de la riqueza.

En consecuencia aceptamos el modelo de economía social de mercado que consagra el preámbulo de la Constitución Española de 1978, modelo que pretende garantizar la convivencia democrática “conforme a un orden económico y social justo” y por consiguiente no podemos aceptar la sociedad de mercado que pretende imponernos la derecha ultraliberal española y europea, sociedad en la que nuestros derechos (a la justicia, a la protección social, a la salud, a la educación, …) cotizan en el mercado, porque como afirma Tony Judt  “Sabemos perfectamente que la fe sin límites en los mercados desregulados mata”.

La estrategia de la derecha ultraliberal resulta evidente en las palabras de Grover Norquist, asesor económico de Bush en 2004: “No quiero acabar con el Estado; sólo quiero hacerlo tan pequeño que pueda ahogarlo en una bañera”.

En mi opinión, para la consecución de tal finalidad, que no es otra que la de poner al Estado de rodillas; a la ciudadanía, a la clase media, de rodillas, la derecha ultra-liberal europea y española han utilizado tres ejes principales de actuación:

1º.- Hundir la capacidad de recaudación del Estado, profundizando la regresividad e insuficiencia del sistema fiscal. En nuestro país mediante el deterioro de la Agencia Tributaria y la Inspección de Trabajo, mediante los regalos fiscales al 1% más rico, mediante la connivencia o la indiferencia ante el fraude fiscal y laboral (denunciada incluso por algunas asociaciones empresariales), la Amnistía Fiscal, el impuesto a tipo cero sobre los depósitos de las entidades bancarias, etc. Este deterioro de los ingresos del sistema tributario, puesto de manifiesto de forma abrupta con la llegada de la crisis ha corrido en paralelo, por el lado del gasto, al mantenimiento o ensanchamiento de los privilegios seculares de las élites, al multi-millonario rescate de la banca, al salvamento con los impuestos de todos de las concesionarias de autopistas de peaje, etc. Todo ello, inevitablemente, ha ahogado la capacidad financiera del Estado.

2º.- Propiciar el endeudamiento masivo de las Administraciones Públicas. En nuestro país a todos los niveles (Local, Provincial, Regional), sobran los ejemplos, Ayuntamiento de Madrid, Comunidad Valenciana…, así como propiciar la corrupción masiva, no puntual o coyuntural, que puede resultar inevitable en cualquier sociedad u organización política o humana, sino estructural, sobran también los ejemplos. Baste recordar el reciente desmantelamiento de unidades anticorrupción de la Agencia Tributaría o el intento del año 2003 de eliminar la Fiscalía Anticorrupción cuyo resultado fue su práctico desmantelamiento durante el primer gobierno de José María Aznar, que afectó al resultado de las investigaciones de casos muy significativos, entre ellos, el procesamiento contra Berlusconi y otros responsables de Tele 5, las causas contra Alierta, contra Javier de la Rosa, contra el entonces ministro Josep Piqué, contra el transfuguismo en la Asamblea de Madrid, etc.

3º El secuestro del Keynesianismo en la Zona Euro. De acuerdo con el profesor Boaventura de Sousa “para el neoliberalismo era muy difícil entrar en Europa vía los Estados; lo que hizo fue entrar vía las instituciones europeas. Al principio no se notó pero si ahora vemos la constitución del Banco Central Europeo, se constata que realmente había un proyecto neoliberal muy claro”.

 Este tercer eje de la estrategia ultraliberal para minimizar el Estado, será desarrollado en la siguiente entrega de este artículo.

DIARIO PROGRESISTA

LA CRISIS CAPITALISTA.


19 de diciembre de 2012

Las crisis capitalistas. 

“Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecerán nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua” (1) 

Todos los periodos de auge y depresión del sistema capitalista muestran rasgos comunes y aspectos diferentes. No obstante, cuando abordamos el análisis de la crisis del capitalismo nos interesa conocer cuáles son sus causas esenciales, su mecánica interna, teniendo en cuenta además que Marx no dejo acabado en ningún trabajo una sistematización teórica de las crisis. Este hecho reconocible no impide entender sin embargo, que toda la obra de Marx esta recorrida por la idea de que las crisis son inseparables del modo de producción capitalista.

 Para los teóricos de la economía burguesa hinchados por el método del empirismo y su formación filosófica positivista, el proceso de producción y acumulación capitalista es ilimitado. Su concepción del desarrollo histórico descarta que el capitalismo sea una formación social transitoria. Como siempre ocurre, cualquier clase dominante de una sociedad basada en la opresión de clase considera su posición en el desarrollo de la civilización humana como el último escalón del progreso. Ocurrió con los patricios en la sociedad esclavista, ocurrió con la nobleza en la sociedad de la servidumbre feudal y, como no podía ser menos, ocurre con la burguesía en la sociedad capitalista. Esta forma de razonar es un reflejo de las condiciones de existencia de estos señores pues, tal como Marx afirmó, "en última instancia el ser social determina la conciencia".

En general todas las escuelas de la economía política burguesa consideran que cuando la crisis estalla, tan sólo se necesita encontrar aquellos factores con los que lograr el restablecimiento  del equilibrio entre la producción y la demanda, para resolver el problema. En otras palabras, los teóricos burgueses consideran resoluble el fenómeno de las crisis, que representan como accidentes puntuales en un proceso de ascenso continuado de producción y creación de civilización.

Para la economía marxista, que se basa en el materialismo dialéctico, el punto de partida para abordar el problema de las crisis capitalistas es justamente el contrario. El sistema capitalista tiene un carácter transitorio, no es eterno, como ninguna formación socioeconómica ni modo de producción lo es. Por esa razón es necesario establecer las relaciones que existen entre el desarrollo del capitalismo con sus crisis, que aparecen cíclicamente y son consustanciales a él, y los propios límites objetivos del capitalismo.

La anarquía de la producción capitalista.

Marx, en El Capital, demostró las leyes que explican el funcionamiento de la producción, la distribución y el consumo de mercancías y que caracterizan el sistema capitalista. Para Marx el motor del sistema capitalista es la lucha por el máximo beneficio, lo que supone una diferencia fundamental con otros modos de producción anterior. Además lejos del cuadro idílico que los economistas burgueses pretenden transmitir sobre el funcionamiento lógico y ordenado del capitalismo, Marx señaló su carácter anárquico. La producción capitalista no esta fundamentada en ningún plan económico, sino en las fuerzas ciegas del mercado, y este hecho es lo que hace que la acumulación capitalista siempre choque contra límites.

Si consideramos los países avanzados durante los últimos veinte años, el crecimiento económico y la aplicación de nuevas tecnologías de la información crearon las condiciones para que los "teóricos" de la burguesía desarrollaran "nuevos paradigmas" económicos. El ciclo virtuoso de la nueva economía parecía no tener fin. Las acciones se disparaban, las empresas de Internet crecían sin freno, las industrias tecnológicas especialmente las ligadas con las telecomunicaciones y la telefonía móvil conseguían beneficios históricos, la bolsa rompía todos los límites, y el consumo había encontrado un nuevo Eldorado. Todos los hechos aparentemente desmentían la teoría marxista de la crisis de sobreproducción, y sin embargo, para mal de la burguesía y sus abogados en el mundo culto y refinado del pensamiento económico, ésta llegó y afectó al corazón del Imperio, a los EEUU. Actualmente la crisis de sobreproducción y sus efectos recesivos, afectan al conjunto de la economía mundial. EEUU, América Latina, Japón, África, están inmersos de lleno en la recesión, incluso Europa esta viviendo los primeros coletazos de la caída económica.

Los marxistas situamos las causas de las crisis capitalistas en el propio corazón del sistema, en la contradicción derivada del carácter social que la producción adquiere bajo el capitalismo y el carácter individual de la apropiación. Bajo el capitalismo el desarrollo de las fuerzas productivas y la división internacional del trabajo ha transformado completamente el carácter de la producción. Ésta se realiza como producción en masa, donde la participación de millones de trabajadores es imprescindible para asegurar el funcionamiento cotidiano del sistema.

Como resultado lógico de la concurrencia capitalista, entre los dueños de capital se desata una feroz competencia por conseguir una tasa de beneficios mayor, hecho que tendrá implicaciones muy serias en el funcionamiento general del sistema. Normalmente los capitales afluirán a aquellas ramas de la producción que ofrecen más margen de ganancia, aunque ello implique un elevado desembolso de capital fijo. Es lo que ha ocurrido en la segunda mitad de los años 90 en EEUU, donde las inversiones en tecnología de la información (ordenadores, chips, redes, telefonía móvil) han crecido extraordinariamente hasta alcanzar en ese periodo el 80% de la inversión de capital total en EEUU. Mientras las ventas compensen el desembolso de la inversión, ésta será rentable pues los beneficios están asegurados. Sin embargo, en un momento dado, estas inversiones que lógicamente se transforman en bienes de consumo, llegan a un límite. Muchos capitalistas han invertido sus capitales en estos sectores punta con el objetivo de conseguir beneficios rápidos y mayores que en otras ramas de la producción, pero al final se produce una sobre-inversión de capital, es decir las inversiones no se amortizan tan rápidamente e incluso no compensan porque el mercado esta saturado de mercancías. Ésta es actualmente la situación con los ordenadores y toda la industria de telecomunicaciones. La consecuencia de esta sobre-inversión constante en bienes de capital con el objetivo de obtener más beneficios, consecuencia lógica de la producción capitalista, es la sobreproducción y la sobrecapacidad productiva instalada. En definitiva existe demasiada abundancia de todo, abundancia que el mercado no puede absorber. A partir de ese momento comienza la espiral de caída en la tasa de beneficios, desinversiones, despidos masivos, cierre de fábricas, en definitiva destrucción de fuerzas productivas. Como Marx señaló, las crisis son la prueba de la rebelión de las fuerzas productivas contra la camisa de fuerza de las relaciones de propiedad capitalista.

La crisis de sobreproducción.

Marx afirmó invariablemente que las crisis periódicas de sobreproducción son el reflejo de los límites del proceso de acumulación y que las razones de estos límites no hay que buscarlas en causas externas al proceso productivo, ni en factores parciales, sino que forman parte inseparable de la dinámica interna de la producción capitalista y la materialización de la plusvalía.

El capitalismo tomado como sistema socioeconómico está condenado. Al igual que los modos de producción que le precedieron, el choque entre el avance de las fuerzas productivas y la camisa de fuerza de las relaciones de propiedad y el estado nacional provocan crisis tras crisis, creando las condiciones materiales para su derrumbe. Sin embargo Marx negó que el capitalismo muriese de muerte natural, pues la clase dominante buscaría salidas a la crisis orgánica de su sistema aunque eso supusiese aplastar a los trabajadores físicamente y poner a la civilización al borde de la destrucción. Los abogados del capital pronto olvidan que en el siglo pasado dos guerras mundiales y regímenes monstruosos como el de Hitler, Mussolini o Franco fueron la respuesta del capital a la amenaza de la revolución mientras en el mundo, y especialmente en el continente europeo, la sangre inocente de millones de trabajadores y jóvenes se vertía para mantener a flote el sistema.

En realidad, la violencia y la destrucción son signos genéticos de esta sociedad; por eso el capitalismo no es reformable. La crisis del capitalismo y el avance de las fuerzas productivas han creado condiciones maduras para la transformación de la sociedad y el desarrollo de otro modo de producción superior, basado en la socialización de los medios de producción y la planificación democrática de la economía. No obstante, para alcanzar esa situación, como Marx y los grandes teóricos del marxismo no se cansaron de señalar, es necesario el derrocamiento revolucionario de la burguesía y, para ello, la acción consciente de la clase obrera es imprescindible. Es decir: el factor subjetivo, la existencia de una dirección revolucionaria de las masas oprimidas, es una condición indispensable para liquidar el orden capitalista.

La polémica de las crisis en la izquierda marxista.

Si el análisis anterior siempre ha sido el punto de partida de los marxistas revolucionarios, la cuestión de las crisis y su casuística ha provocado polémicas intensas en el seno del movimiento marxista.

Rosa Luxemburgo, que dedicó una parte muy importante de su producción teórica al análisis de las crisis y su metodología, mantuvo una ardua discusión al respecto con Lenin y Trotsky y otros dirigentes del Partido Bolchevique. En su obra La acumulación del capital, Rosa Luxemburgo se interroga sobre la dinámica interna de las crisis de sobreproducción. Para ella el factor que explicaba la resolución de estas crisis era el hecho de que el capitalismo no existía de forma pura, es decir: la sociedad capitalista dividida en asalariados y dueños de medios de producción coexistía con otras formas económicas no capitalistas que eran dominantes en las colonias y todavía sobrevivían en aquellos países donde el capitalismo estaba ampliamente desarrollado. De estas zonas y países provenía la demanda necesaria para resolver las dificultades que se presentaban a la acumulación, pero al mismo tiempo creaban las condiciones para la crisis del sistema y su colapso.

"De este modo, mediante el intercambio con sociedades y países no capitalistas", escribía Rosa Luxemburgo, "el capitalismo va extendiéndose más y más, acumulando capitales a costa suya, al mismo tiempo que los corroe y los desplaza para suplantarlos. Pero cuantos más países capitalistas se lanzan a esta caza de zonas de acumulación y cuanto más van escaseando las zonas no capitalistas susceptibles de ser conquistadas por los movimientos de expansión del capital, más aguda y rabiosa se hace la concurrencia entre los capitales, transformando esta cruzada de expansión en la escena mundial en toda una cadena de catástrofes económicas y políticas, crisis mundiales, guerras y revoluciones.

 "De este modo el capital va preparando su bancarrota por dos caminos. De una parte, porque al expansionarse a costa de todas las formas no capitalistas de producción, camina hacia el momento en que toda la Humanidad se compondrá exclusivamente de capitalistas y obreros, haciendo imposible, por tanto, toda nueva expansión y, como consecuencia de ello, toda acumulación. De esta manera, en la medida en que esta tendencia se impone, el capitalismo va agudizando los antagonismos de clase y la anarquía política y económica internacional en tales términos que mucho antes que se llegue a las últimas consecuencias del desarrollo económico, es decir, mucho antes de que se imponga en el mundo el régimen absoluto y uniforme de la producción capitalista, sobrevendrá la rebelión del proletariado internacional, que acabara necesariamente con el régimen capitalista" (Rosa Luxemburgo, La acumulación de capital, Editorial Grijalbo, México 1966, página 380).

 La rebelión del proletariado mundial se produjo con las convulsiones de la I Guerra Mundial, donde las contradicciones inter-imperialistas, la lucha encarnizada por los mercados y el reparto colonial jugaron el papel decisivo. Sin embargo, en esta interpretación de las crisis y sus causas, Rosa Luxemburgo comete varios errores.

 En primer lugar, la concurrencia de los capitales en el mercado mundial, y más específicamente en los países coloniales, no se debe a la imposibilidad de realizar la plusvalía en las metrópolis imperialistas, sino a la búsqueda de tasas de ganancias más elevadas. En segundo lugar, el capitalismo se desarrolla, tal como Marx explicó en El Manifiesto Comunista, integrando al conjunto del planeta en un único mercado mundial mediante la producción y comercialización de mercancías. Es falso que, en la medida en que la humanidad se va polarizando entre asalariados y capitalistas, el proceso de acumulación se vea totalmente imposibilitado, como la experiencia ha demostrado; del mismo modo que es falsa la idea de que el final del reparto colonial y el desarrollo de las formas de producción capitalistas como dominantes en estos países hacen imposible toda nueva expansión. Una crítica razonada de las posiciones de Rosa Luxemburgo, así como una formulación mucho más sólida y convincente de las causas de las crisis, la encontraremos en los trabajos económicos de Lenin y Trotsky, especialmente en El imperialismo, fase superior del capitalismo, así como en los polémicos textos que sobre esta materia escribió Trotsky en los años veinte y que abordaremos en próximos artículos.

Las causas motrices de la crisis.

La lucha por las colonias sigue siendo una parte de la política del capitalismo imperialista. Por completamente que sea dividido el mundo, el proceso nunca termina, sino que coloca una y otra vez en el orden del día la cuestión de la nueva división del mundo de acuerdo con las nuevas relaciones entre las fuerzas imperialistas.

La curva de desarrollo económico tiende, a través de todas sus oscilaciones hacia abajo, y no hacia arriba. Sin embargo, ¿quiere decir esto que el fin de la burguesía llegará automática y mecánicamente? De ningún modo. La burguesía es una clase viva que ha retoñado sobre determinadas bases económico–productivas. Esta clase no es un producto pasivo del desenvolvimiento económico, sino una fuerza histórica, activa y enérgica. Esta clase ha sobrevivido, o sea que se ha convertido en el más terrible freno de la evolución histórica, lo cual no quiere decir que esta clase esté dispuesta a cometer un suicidio histórico ni que se disponga a decir: "Habiendo reconocido la teoría científica de que yo soy reaccionaria, abandono la escena." Evidentemente ¡esto es imposible! Por otra parte no es suficiente que el Partido Comunista reconozca a la clase burguesa como condenada y casi suprimida para considerar segura la victoria del proletariado. No. ¡Todavía hay que vencer y tirar abajo la burguesía! (León Trotsky, Una escuela de estrategia revolucionaria

 Ediciones del Siglo, Buenos Aires 1973)

 En el artículo anterior señalábamos las polémicas que se desarrollaron en el movimiento marxista a la hora de caracterizar las causas motrices de las crisis. Como explicábamos, la lucha por el mercado colonial juega un papel de primer orden en la exacerbación de las contradicciones inter-imperialistas pero afirmar, como hacía Rosa Luxemburgo, que el fin del reparto colonial traería la imposibilidad de materializar la plusvalía y supondría el muro contra el que chocaría la acumulación, representaba un esquematización equivocada de la teoría económica del marxismo. En cualquier caso la valía de las aportaciones de esta gran revolucionaria radicaba en el estímulo que proyectaba sobre el debate teórico en la izquierda marxista, tan rico en aquellos tiempos y que fue extirpado policialmente por el estalinismo.

Lenin dedicó una gran atención a estos problemas. Su libro El desarrollo del capitalismo en Rusia fue una gran aportación a la polémica que durante mucho tiempo desarrollaron los marxistas rusos contra los populistas, los cuales negaban la posibilidad del desarrollo del capitalismo en Rusia a causa de la estructura semi-feudal de la propiedad agraria, el peso de la economía campesina en el conjunto de Rusia y la pauperización de las masas campesinas. En un famoso artículo titulado Sobre la caracterización del romanticismo económico, Lenin contesta el punto de vista de los populistas rusos y aborda otras relacionadas con las crisis: "Cuando los populistas afirman que el mercado extranjero es la salida a la ‘dificultad’ con que tropieza el capitalismo para la realización del producto, no hacen más que encubrir con esta frase el triste hecho de que el ‘mercado extranjero’ es la salida a la ‘dificultad’ con que ellos tropiezan para no comprender la teoría." (...) "No sólo los productos que existen bajo la forma de medios de consumo, sino también aquellos que existen bajo la forma de medios de producción, todos ellos se realizan siempre entre ‘dificultades’, a través de constantes oscilaciones, cada vez más fuertes a medida que se desarrolla el capitalismo, entre una furiosa concurrencia que obliga a todo empresario a aspirar a una extensión ilimitada de la producción, rebasando las fronteras del propio estado y lanzándose en busca de nuevos mercados a países no absorbidos aún por el sistema de circulación capitalista de mercancías. Y así hemos llegado al problema de por qué el mercado extranjero es necesario para un país capitalista. No es, ni mucho menos, por que el producto no pueda realizarse en modo alguno dentro del orden capitalista. Pensar esto sería disparatado. El mercado externo es necesario porque la producción capitalista implica la tendencia a la extensión ilimitada, por oposición a todos los antiguos sistemas de producción, circunscritos a los límites de la aldea, de la heredad, de la tribu, del territorio o del estado. Mientras que en todos los antiguos sistemas económicos la producción se renovaba siempre del mismo modo y en la misma escala en que venía desarrollándose antes, bajo el régimen capitalista esta renovación es imposible y la extensión ilimitada, el perenne avance se convierte en ley de la producción".

Las teorías sub-consumistas.

En este mismo texto, Lenin critica las teorías sub-consumistas como una explicación de las crisis, ideas que los populistas tomaron de Sismondi: "El análisis científico de la acumulación vino a minar todos los argumentos de esta teoría, demostrando que es precisamente en los periodos que preceden a las crisis cuando aumenta el consumo de los obreros; que el consumo insuficiente (con el que se pretende explicar la crisis) ha existido bajo los más diversos sistemas económicos, mientras que las crisis son características de un sistema solamente, del capitalismo. Esta teoría explica las crisis mediante otra contradicción, a saber, la contradicción entre el carácter social de la producción (socializada por el capitalismo), y el carácter privado individual de la apropiación. (...) La primera teoría las explica [las crisis] partiendo de la contradicción existente entre la producción y el consumo de la clase obrera; la segunda se basa en la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación. La primera encuentra, pues, las raíces del fenómeno fuera de la producción (...) la segunda busca estas raíces precisamente en las condiciones de la producción. (...) ¿Pero es que la segunda teoría niega la existencia de una contradicción entre la producción y el consumo, la existencia de un déficit de consumo? Evidentemente no. Reconoce plenamente este hecho pero le asigna el lugar secundario que le corresponde, como un hecho que sólo se refiere a un sector de toda la producción capitalista." (…)

 Fuente: Extractos capitulo VII de “Principios de Economía Marxista”. 

 Autor: J.I.Ramos. (Fundación Federico Engels). 

(1)   Karl Marx. Prefacio a la Contribución de la economía política.

martes, 18 de diciembre de 2012

Por qué la deuda pública no debería pagarse


Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 18 de diciembre de 2012

Este artículo señala las razones por las cuales la deuda pública de los países periféricos de la Eurozona es artificialmente exagerada y que se debe al excesivo poder que el capital financiero tiene hoy en tal zona. El artículo indica que tal deuda no debería pagarse, pues su nivel responde a unas prácticas que no deberían aceptarse.

La deuda pública acumulada por los países de la Eurozona es impagable. Ha alcanzado un nivel que los Estados no podrán pagar. Esto aplica prácticamente a todos los países, pero muy en especial a los países antes llamados PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y Spain), y ahora GIPSI (con el añadido de Italia). En todos ellos la deuda pública está por encima de los niveles permitidos en el Tratado de Maastrich, que estableció las condiciones que los países debían seguir para entrar y permanecer en el euro.

Frente a esta situación deberían hacerse dos preguntas. Una es ¿cuál es la consecuencia de que los Estados no paguen la deuda? Y la otra, ¿debería pagarse tal deuda? En realidad, los Estados no deberían pagar la deuda, incluso en el caso de que pudieran hacerlo, pues esta deuda es exagerada y la cantidad de intereses que se ha forzado a los Estados a pagar para poder conseguir dinero, es decir, para que la banca comprara bonos públicos del Estado, es artificialmente alta e inmoral. Y digo inmoral porque esta exigencia de que los Estados paguen intereses altos se basa en que ha sido la propia banca, a través de su lobby, el Banco Central Europeo, la que ha creado la situación intolerable en la que los Estados no tenían otro remedio para conseguir dinero que pagar tales intereses exageradamente altos, pues el Estado no podía pedir prestado dinero del BCE (mientras que los bancos sí que podían). Es como si una persona robara dinero a otra y luego tuviera la osadía de prestarle el dinero robado (porque no había dinero disponible de ninguna otra fuente) a la persona robada, a unos intereses elevadísimos. El ladrón robaría dos veces a la persona robada. Esto es lo que la banca ha hecho. Ha eliminado el instrumento que los Estados tenían para protegerse de la especulación de sus bancos, y así han conseguido intereses de los bonos altísimos (ver mi artículo “La estafa de la deuda pública” en El Plural, 29.11.12)

Por otra parte, es importante que se informe a la ciudadanía que los Estados pueden conseguir recursos y que pueden conseguirlo sin necesidad de endeudarse. La negación de esta posibilidad justifica las políticas de austeridad y los recortes de gasto público, incluyendo el gasto público social. Ahora bien, los Estados tienen enormes recursos que no se están tocando. Por ejemplo, si analizamos la propiedad pública que cada uno de estos Estados tiene, la cantidad total representa muchas veces el valor de la deuda pública. Y éste es el filón de oro donde los acreedores, es decir, los bancos, quieren meter mano. Tales Estados deberían resistirse a ceder a esta demanda, pues una vez vendida tal propiedad, ya no tienen donde apoyarse en el futuro.

Existe, sin embargo, una enorme propiedad privada que se ha ido incrementando y concentrando durante estos hechos de recesión, cuando las desigualdades de renta y propiedad han crecido exponencialmente, es decir, muy rápidamente. Así, en Italia, el país de los GIPSI que tiene mayor deuda pública (la OCDE calcula que en 2013 será un 122% del PIB) tiene nada menos que en propiedad privada en inversiones y tierra el 377% del PIB, en inversiones financieras el 237% de PIB, y así un largo etcétera. Stefan Bach, en un interesante artículo, “Capital Levies – A Step Towards Improving Public Finances in Europe”, en Social Policy Journal calcula que un incremento de un 5% de los impuestos sobre tal propiedad privada podría conseguir el equivalente al 15% del PIB, medida que, a la vez que contribuir a reducir las desigualdades, disminuiría su enorme deuda pública. No se conocen estudios semejantes en España pero es probable que las cantidades fueran muy semejantes.

Otra área de ingresos son las rentas originadas del capital, invertidas en actividades especulativas a través de la banca. Incluyo en esta categoría la huída de capitales a paraísos fiscales u otros países, distinta a los de los depositarios. Incluso el Banco Mundial, un organismo de clara orientación conservadora, ha documentado en todos los países de elevada deuda los fondos depositados en el extranjero, que en cada uno de estos países representa una cantidad mucho mayor que el tamaño de la deuda pública (ver el libro Debt, the IMF and the World Bank. Monthly Review Press 2010, escrito por Eric Toussaint y Damien Millet).

España, uno de los países con mayores desigualdades de la OCDE puede y debe conseguir fondos de aquellos que se beneficiaron más de los años de bonanza. Dinero lo hay con gran abundancia entre las grandes fortunas, las grandes empresas y la banca (que ha recibido fondos públicos por una cantidad equivalente nada menos que al 10% del PIB). El problema es que el Estado no los recoge. Influenciado por las grandes fortunas, por las grandes empresas y por la banca, el Estado prefiere endeudarse, beneficiando a la banca, a la cual se le paga más adelante los intereses elevadísimos, con dinero público. Un escándalo.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Origen del Consenso de Washington


 En realidad el Consenso de Washington fue formulado originalmente por John Williamson en un documento en noviembre de 1989 ("What Washington Means by Policy Reform", que puede traducirse como "Lo que quiere decir Washington con reformar orientaciones políticas" o "Lo que desde Washington se entiende como reforma de las orientaciones políticas"). Fue elaborado también en un documento como trabajo para una conferencia organizada por el "Institute for International Economics", al que pertenece John Williamson.[cita requerida]

El propio Williamson cuenta que en ese histórico borrador incluyó "una lista de diez políticas que personalmente pensaba eran más o menos aceptadas por todo el mundo en Washington". Originalmente, ese paquete de medidas económicas estaba pensado para los países de América Latina, pero con los años se convirtió en un programa general. Las siguientes políticas económicas son a continuación:

 1.Disciplina presupuestaria (los presupuestos públicos no pueden tener déficit)

 2.Reordenamiento de las prioridades del gasto público de áreas como subsidios (especialmente subsidios indiscriminados) hacia sectores que favorezcan el crecimiento, y servicios para los pobres, como educación, salud pública, investigación e infraestructuras.

 3.Reforma Impositiva (buscar bases imponibles amplias y tipos marginales moderados)

 4.Liberalización financiera, especialmente de los tipos de interés

 5.Un tipo de cambio de la moneda competitivo

 6.Liberalización del comercio internacional (trade liberalization) (disminución de barreras aduaneras)

 7.Eliminación de las barreras a las inversiones extranjeras directas

 8.Privatización (venta de las empresas públicas y de los monopolios estatales)

 9.Desregulación de los mercados

 10.Protección de la propiedad privada.

Hay que puntualizar que por "más o menos", Williamson entendía el complejo político-económico-intelectual que tiene sede en Washington D. C.: los organismos financieros internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial), el Congreso de los EEUU, la Reserva Federal, los altos cargos de la Administración, y los institutos con destacados expertos (think tanks) económicos. Aunque Williamson subrayó que debe aplicarse con criterio, la lista pronto se convirtió en lo que más o menos pensaban los economistas sobre lo requerido para el progreso de todos los países en vías de desarrollo. Sin embargo, los ciclos de auge y apogeo no terminaron y se expandieron de América Latina a otros países, y también hubo pérdida del producto que duró más o menos una década para que las economías regresasen al nivel anterior a la transición. Y por cierto, también hubo una serie de crisis financieras a nivel más o menos generalizado.

El consenso sin duda no logró los resultados esperados. Se llegó a demostrar que el crecimiento efectivamente está ligado al comercio, pero que se debían dar incentivos para dicho comercio; además, la liberalización del comercio a veces deterioraba esos incentivos (apreciación cambiaria, por ejemplo). Mientras fue posible, se logró el crecimiento a través del comercio con incentivos tales como la reducción de los derechos a las exportaciones, un tipo de cambio más competitivo, la liberalización de las exportaciones antes que las importaciones (industrialización sustitutiva de importaciones), el mejoramiento de la infraestructura para el comercio exterior, y la creación de zonas francas.

 Otra dificultad identificada, fue que las estrategias se centraron más en la eficiencia que en ampliar la productividad y por ende el crecimiento, por lo que estas reformas verdaderamente no inducían el crecimiento.

Además, si bien estas recomendaciones de política económica se planearon para crecimiento sostenido, no se resolvieron satisfactoriamente los fallos públicos y del mercado, que impiden acumular capital y aumentar la productividad.

Esa breve lista tomó autonomía y se constituyó en lo que más tarde se denominaría «neoliberalismo», especialmente por parte de sus críticos.

Con posterioridad, la "lista" inicial fue completada, ampliada, explicada, y corregida. Así y en distintos foros, se ha oído hablar del "Consenso de Washington II", y del "Consenso de Washington III".1

Críticas al consenso de Washington

 Asimismo el Consenso de Washington ha recibido gran cantidad de críticas. Quizás las más importantes sean las que le formulara Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001 y ex vicepresidente del Banco Mundial. Críticos de la liberalización como Noam Chomsky o Naomi Klein,4 ven en el Consenso de Washington un medio para abrir el mercado laboral de las economías del mundo subdesarrollado a la explotación por parte de compañías del primer mundo.

Otras críticas provienen desde la antiglobalización hasta del mismo liberalismo económico junto con algunas de sus corrientes: la escuela clásica y la escuela austríaca. Ellos argumentan además que los países del primer mundo imponen las políticas del Consenso de Washington sobre los países de economías débiles, mediante una serie de organizaciones burocráticas supraestatales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, además de ejercer presión política y extorsión. Se argumenta además, de forma muy generalizada, que el Consenso de Washington no ha producido ninguna expansión económica significativa en Latinoamérica, y sí en cambio algunas crisis económicas severas, y la acumulación de deuda externa que mantiene a estos países anclados al mundo subdesarrollado.

 A su vez, sus políticas educativas, si bien en buena medida acatadas en Latinoamérica (especialmente en países como Chile y Argentina) donde tenían considerable buena prensa, ha sido criticada desde dentro de estas mismas sociedades, en trabajos como el de José Luis Coraggio La educación según el banco mundial, que ponía en entredicho el modelo educativo neoliberal y las posibles consecuencias de su implementación, consecuencias que luego se ha visto como ciertas, y que en buena medida explotaron en la Crisis Educativa en Chile del 2011.5

Wikipedia

LA DIALÉCTICA DE LAS “PAPAS FRITAS”.


17 de diciembre de 2012

Puse las patatas peladas y cortadas en daditos en una sartén con aceite, un ajito y debidamente sazonadas. Prendí fuego a la hornilla y empezaron a freírse que daba gusto. La famosa y socorrida “papa frita” que tanto hambre ha paliado y lo sigue haciendo, es un magnífico tubérculo que se cría de la planta herbácea que pertenece a la familia de las solanáceas y es originaria, según los botánicos de América.

Pero ahora es cultivada en el mundo entero,  debido a las hambrunas que de nuevo azotan al planeta Tierra, por lo cual se ha hecho internacionalista  y  es consumida en grandes cantidades por la clase obrera más empobrecida. Consta de ramas de tallos de varios centímetros de altura, con hojas desiguales y partidas y produce unas flores moradas o blancas, con corimbos terminales, cuyas flores sirven para poco porque en realidad se reproducen a base  de la siembra del propio tubérculo, cortado por sus yemas o en variedad de menudas.

Pero vamos al grano, es decir al fruto que son unos tubérculos redondeados, feculentos, carnosos y de color marrón por fuera y blancos, rojizos o amarillentos por dentro, siendo uno de los alimentos más utilizados en tiempos de las terribles hambrunas que vuelven de nuevo a aparecer por las cocinas de los más pobres, siendo por tanto este alimento muy agradecido por la ciudadanía en precario.

En mi pueblo existe un dicho de “no me seas papafrita”, que no se si estará muy extendido por otros pueblos, pero da a entender cuando se dice de alguna persona que es “poco hábil” o más bien “despistado” o “poco diligente”, o que es “tonto de remate”,  lo que da a entender que estas frituras deben tomarse recién fritas porque frías y lacias  ya no es lo mismo, refritas tampoco,  y si son ya calcinadas, ni te cuento.

Es igual poco más o menos lo que me ocurrió,  pues con esta afición que le tengo a aprovechar para estudiar o utilizar las nuevas tecnologías, con tanto Facebook,  Tuenti,  Twitter,  Móvil, Ipad y demás entretenimientos, se me fue “el santo al cielo” y las patatas que se estaban friendo terminaron carbonizadas y entonces me acordé de las leyes de la dialéctica,  de cuando era estudiante, porque en vez de patatas, éstas volvieron a su estado primitivo de carbono.

La naturaleza funciona dialécticamente aunque algunos lo nieguen  porque desconocen sus propias leyes, tanto de la cantidad que se transforma en calidad y viceversa,  o la ley de unidad y lucha de contrarios, o la Ley de la negación de la negación y algunas otras más que no recuerdo ahora, por lo que si queremos entender uno de sus procesos fundamentales, es completamente necesario comprender la relación precisa entre estas cuestiones que demuestran cómo alcanzado un punto crítico, lo que habría podido ser un exquisito plato, junto a un buen huevo frito de corral, sus ajitos y sus festoncitos,  todo debidamente sazonado, se había convertido en su contrario, en puro carbón por efecto del exceso de exposición al fuego.

Este es uno de los conceptos más básicos del pensamiento dialéctico, en contraposición al razonamiento meramente formal de la metafísica. Ahora empiezo a comprender y valorar la visión profunda que proporciona este método de análisis, que ha sido y sigue siendo muy criticado por los místicos, como le ocurrió a una ministra que todos recordamos, que quiere solucionar la crisis “rezándole” a la Virgen del Rocío.

Esa gran experta no entiende que las moléculas, los átomos y las partículas subatómicas,  como explica la física y la química, así como las masas trabajadoras y el capitalismo, como muestra la economía y las ciencia sociales, están siempre en movimiento, cambiando de un lugar a otro en un proceso perpetuo de transformación, contradicción y acción.

Es por tanto la dialéctica una interpretación esencialmente dinámica de los fenómenos y procesos de toda la materia en el universo, tanto la orgánica como la inorgánica,  tanto en los campos de la física, como en la economía, en la política, en la cultura y en las luchas sociales, tanto con los huevos fritos y las patatas como en las cosas que se cocinan en las alturas de los Gobiernos.

En verdad soy una auténtica “papafrita” a la que se le quemaron las papas que teníamos para comer, pero estoy contenta porque, incluso comparándome,  también existen muchas más “papafritas” incluso en el gobierno.  Pero atención que a algunos de esos gobernantes que mantienen al pueblo “más que frito” con sus políticas de impuestos abusivos, recortes, ataques y contra-reformas constantes, puede que les esté operando la dialéctica y se lleven una soberana sorpresa el día que comprueben, si mantienen el “fuego de la injusticia” permanentemente encendido, que acabarán achicharrándose comprometiendo sus suculentos sueldos y prebendas, pues el  pueblo que también está más que “frito” podría saltar de la sartén exigiendo democráticamente  que “se cambie la tortilla”, o lo que pudiese ser peor para ellos, que le prenda fuego a la cocina con los cocineros dentro.  Que disfrute cada cual el menú que esté cocinando. Buen provecho. 

Érika Arce Ruipérez.

Alhaurín el Grande (Málaga).-

EL “EXPOLIO” SOCIAL DEL QUE NO SE HABLA.


15 de diciembre de 2012

Un argumento utilizado por los independentistas catalanes para defender la tesis de que Catalunya tendría más recursos si se independizara de España es que España está “expoliando” a Catalunya.

No voy a entrar en este artículo en este tema, sobre el cual he escrito extensamente en varios artículos mostrando que el escaso desarrollo social de Catalunya no se debe al supuesto expolio nacional sino al enorme poder que las derechas catalanas y españolas han tenido y continúan teniendo a los dos lados del Ebro, situación responsable del subdesarrollo social de Catalunya y de otras partes de España, como documento en mi libro El Subdesarrollo social de España. Causas y Consecuencias, Anagrama. 2006.

En este artículo quiero centrarme en la existencia de un expolio del cual ni los nacionalistas de los dos lados del Ebro ni nadie más están hoy hablando, ni en Catalunya ni en España. Es el expolio de una minoría -lo que solía llamarse la burguesía financiera e industrial- al resto de la población, y que está ocurriendo a lo largo de todo el territorio español, incluyendo Catalunya. Tal minoría no está contribuyendo al Estado (tanto central como autonómico) lo que contribuyen todos los demás. Si pagara al Estado lo que pagan todos los demás, la cifra resultante para toda España sería de más de 30.000 millones de euros al año, con lo cual podríamos haber evitado hacer todos los recortes de gasto público y social que están dañando de una manera muy acentuada el bienestar y calidad de vida de la mayoría de la población en general y de las clases populares en particular, tanto en Catalunya como en el resto de España. (Ver el informe del Observatorio Social de España, El impacto de la crisis en las familias y en la infancia. Ariel. 2012).

Para entender la naturaleza de este expolio, hay que entender cuáles son las fuentes de ingreso más importantes al Estado que incluye, como he señalado en el párrafo anterior, no sólo el Estado central, sino los Estados autonómicos. Pues bien, cuatro son las fuentes más importantes: una son los ingresos derivados de los impuestos sobre las rentas, primordialmente del trabajo, o IRPF (que es un impuesto que paga la mayoría de la población trabajadora); la otra fuente son los impuestos sobre el capital que afectan a un grupo muy minoritario de la población (predominantemente los burgueses y los grandes empresarios); la tercera fuente son los impuestos sobre el consumo, IVA, que toda la población, independientemente de sus ingresos, paga cuando compra algo, y que es sumamente regresivo; una cuarta fuente son los impuestos especiales que, como su nombre indica, son impuestos para fines concretos; y, finalmente, otra categoría que se define como “otros impuestos”.

Pues bien, según el excelente informe de la Fundación 1º de Mayo de Comisiones Obreras (uno de los centros de estudios más rigurosos que publica periódicamente informes que cuestionan la credibilidad del conocimiento producido por los centros de estudios financiados por la Banca y la Gran Patronal, como FEDEA), escrito por el economista Manuel Lago (y del cual extraigo la mayoría de los datos que presento en este artículo), los ingresos derivados del IRPF en España, desde el último año antes de que se iniciara la crisis, 2006, hasta el año 2011, crecieron un 6%, pasando el Estado de ingresar 64.638 millones de euros a 68.557 millones. Los fondos públicos procedentes del impuesto sobre el consumo bajaron sólo ligeramente (-2%), pasando de 52.817 millones de euros a 51.580 millones. Los fondos que el Estado recogía vía los impuestos especiales crecieron muy poco (2%), pasando de 18.699 millones de euros a 19.025 millones, y la categoría de “otros impuestos” subió más (5%), pasando de 5.696 millones de euros a 5.971 millones.

Estos fondos procedentes de tales impuestos derivan, en gran parte, de la mayoría de la gente que trabaja y consume (lo que la literatura sociológica definiría como clase trabajadora y clases medias). Y a lo largo del periodo 2006-2011 se han mantenido o han aumentado.   Ahora bien, si analizamos qué ha pasado con las rentas derivadas del capital y de sus diferentes componentes, tales como capital financiero (bancos, compañías de seguros y compañías de alto riesgo, entre otros), capital industrial (grandes corporaciones multinacionales) o capital de servicios (empresas de marketing y asesorías, entre otras) vemos que los ingresos al Estado derivados de la carga impositiva sobre el capital han bajado de una manera muy acentuada, casi espectacular (-68%), pasando de 41.675 millones de euros a 13.383 millones. Es decir, en otras palabras, el Estado ha dejado de ingresar 28.292 millones de euros. En realidad, el descenso total de ingresos al Estado, pasando de 183.525 millones de euros a 158.516 millones, procede mayoritariamente de gravar menos las rentas del capital, hecho que es el mayor responsable de la bajada  de ingresos al Estado durante este periodo (14%). En total el Estado ha pasado a ingresar 25.009 millones de euros menos, que es una cifra muy cercana a los 28.292 millones que el Estado no ingresó como consecuencia del descenso de los ingresos procedentes de las empresas, es decir, del capital. Manuel Lago documenta con gran detalle los cambios que han ido ocurriendo en cada uno de estos impuestos y sus consecuencias en cuanto a los ingresos al Estado. Lo que les acabo de escribir es el resumen de cómo han evolucionado los ingresos. Y lo más llamativo es que los ingresos procedentes del impuesto de sociedades (que es el impuesto al capital), que representaban el 23% de todos los impuestos en el año 2006, han pasado a ser sólo un 8%. Sí, lo ha leído bien, sólo un 8%. El mundo empresarial contribuye mucho, mucho menos que la mayoría de la población, incluyéndole a usted, lector, y a mí.

Ni que decir tiene que los centros de estudios financiados por la banca y por la gran patronal han intentado explicar tal descenso de su contribución al Estado atribuyéndolo a la reducción de sus beneficios, resultado de la crisis económica. Manuel Lago muestra contundentemente que ello no es del todo cierto. La reducción de beneficios es sólo una pequeña parte de la causa del descenso de los ingresos al Estado procedente de las empresas. Tal descenso es mucho mayor que el descenso de beneficios, una situación que es particularmente acentuada entre las grandes empresas, llamadas multinacionales. En realidad, el descenso de su aportación al Estado es consecuencia de la gran cantidad de lo que llaman incentivos fiscales, incluyendo las enormes deducciones, y nuevos sistemas de ingeniería contable que hacen que lo que en teoría pagan las rentas del capital (35%, bajado más tarde a 30%) se haya reducido en la realidad a un 5%. Sí, repito, ha leído bien, a un 5%. Las otras empresas (que no son grandes empresas multinacionales y facturan menos de diez millones de euros) pagan menos que su tipo nominal, siendo el real 15,3%, más de tres veces más que las multinacionales.

El significado de estos datos y otros aportados por el informe es que, durante el periodo de la crisis 2007-2011, las empresas financieras, industriales y de servicios (es decir, el capital) declararon 851.933 millones de euros de beneficios, por los cuales tributaron 101.421 millones, es decir, un 11,9%. Si hubieran pagado el 28,5%, que es lo que la Agencia Tributaria considera como el tipo nominal medio, el Estado hubiera ingresado 242.801 millones de euros, es decir, 141.380 millones de euros más, unos 35.000 millones de euros más anuales (tomando las cifras de 2009), que es, por cierto, la cifra de recortes de gasto público que los sucesivos gobiernos han estado exigiendo a la población española, recortes que se están haciendo para compensar las enormes ventajas fiscales que se han hecho a las rentas del capital. Es el tamaño de lo que debería llamarse el expolio social, muchas veces superior al supuesto expolio nacional. Y, en cambio, el gran debate es sobre este último (entre aquellos que sustentan que hay un expolio nacional y los que señalan que no lo hay), y no sobre el anterior, que está perjudicando a las clases populares de toda España, incluida Catalunya. El hecho de que los establishments políticos y mediáticos españoles y catalanes se centren en el debate nacional y no en el debate social, se explica por el enorme poder que el capital tiene sobre tales establishments a los dos lados del Ebro. Así de claro. Incluso, descontando deducciones justificables y otras medidas, tal como Hace Manuel Lago, la cantidad continúa siendo respetable. Es más, si las rentas del capital se  gravaran como las rentas del trabajo a la mayoría de la clase trabajadora que está en nómina (como algunos partidos han sugerido), la cantidad de 35.000 millones ascendería a muchos millones más. ¿No creen que hay algo injusto en ello? A las clases populares se les está imponiendo toda una serie de sacrificios, a fin de mantener enormes beneficios y privilegios fiscales al gran empresariado financiero y multinacional del país.

Créanme que en España, incluyendo Catalunya, el que no está indignado es que no sabe lo que está pasando en su entorno. Así de claro.

 Vicenç Navarro.

(Es Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University).

Diciembre de 2012.

sábado, 15 de diciembre de 2012

FORMACIÓN: DEBATE SOBRE SALARIO, PRECIO Y GANANCIA.


14 de diciembre de 2012

El pasado miércoles como venimos haciendo periódicamente, estuvimos debatiendo un grupo de compañeros, temas teóricos para la formación.

El  debate abierto esta semana ha sido sobre "Salario, precio y ganancia" y el próximo será sobre  "Trabajo asalariado y capital". También hemos debatido “Acerca de los Sindicatos”, sobre el “Reformismo”  “Socialismo” “Capitalismo” etc,  porque consideramos que es un momento propicio, no solo para la acción, la protesta, las manifestaciones y las huelgas, sino también para releer, analizar y debatir  estos materiales teóricos  o que lo empiecen a leer los más jóvenes, para sacar las enseñanzas y conclusiones pertinentes, porque la clase trabajadora sufre la ofensiva más virulenta por parte de la burguesía desde los tiempos de la dictadura que necesita clarificación.

Comprendemos que el capitalismo no es una cosa eterna ni un “factor económico” que siempre ha existido, aunque nos lo quieran vender así los defensores de este sistema y los estrategas de la clase dominante.

El capitalismo es más bien una relación social de producción. Es parte de la plusvalía acumulada que se valoriza (se acrecienta) explotando trabajo ajeno.

Se convierte en dinero que se independiza,  cobra vida y se vuelve un sujeto autónomo, sanguinario y cruel, ejerciendo su poder de mando sobre la clase trabajadora.

El capital que no se invierte en producción real es trabajo muerto y pretérito que vuelve a la vida oprimiendo al trabajo vivo de la clase obrera. Se convierte en una sanguijuela que se alimenta del beneficio que es la parte de la plusvalía que le roba al obrero.

En el debate en cuestión, del que tomamos estos apuntes se analizó el concepto de Plusvalía que es la parte del valor que genera el asalariado cuando utiliza la fuerza de trabajo alquilada por el patrón, cuya parte que  retiene el capitalista,  éste llama ganancia empresarial o beneficio.

También se analizó que la “fuerza de trabajo” es asimismo una particular mercancía cuyo valor de cambio, es decir el salario, es  menor del valor que incorpora al producto o servicio el esfuerzo del trabajador. 

La plusvalía es la diferencia entre el salario que el patrón paga al asalariado y la parte del valor que cada obrero, manual o intelectual, incorpora a la mercancía o servicio.

Tanto la maquinaria como las materias primas utilizadas, transfieren solo su valor al nuevo producto, pero no lo incrementa en la formación del precio de venta, que puede coincidir o no con el valor de producción.

Si como ocurre normalmente el valor incorporado es superior al precio de venta, el capitalista retiene el beneficio (plusvalía).  Si coinciden precio y valor, el capitalista no obtiene ganancias si por la competencia baja por debajo, entonces se produce la crisis, hablando en magnitudes sociales y económicas amplias.  

Durante el tiempo de trabajo, el asalariado crea un valor para cubrir tanto su salario como un excedente que es lo que se llama PLUSVALÍA que es la parte que se apropia el capitalista y que éste llama cuota de ganancia.

El tiempo empleado en crear su salario es el “tiempo de trabajo necesario” para reproducirse como mano de obra y el trabajo excedente que produce la acumulación capitalista se llama plusvalor o plusvalía.

El Salario es pues el valor de cambio o precio de la fuerza de trabajo que aporta el obrero.  Durante el tiempo que éste trabaja para el capitalista, produce una determinada magnitud de valor y parte de ese valor generado se le devuelve en concepto de salario, directo o diferido, que ahora están siendo atacados y reducidos por el Patrón y su gobierno de derechas que es el PP.   El resto del valor se lo apropia el capitalista, que corresponde a la plusvalía como antes hemos aclarado.

En realidad la magnitud del salario está determinada por diversos factores, entre ellos el valor de los medios de subsistencia del asalariado y su familia, lo que equivale al precio de aquellos bienes y servicios que el asalariado debe consumir para poder sobrevivir. 

En momentos de crisis y recesiones, el mundo del capital ataca todavía con más virulencia y saña  al mundo del trabajo para defender con uñas y dientes, (a veces con métodos bélicos) su tasa de ganancias, arrebatando a los asalariados incluso la parte del salario diferido y  conquistado con históricas luchas sociales, como la sanidad, la educación, las pensiones y demás derechos sociales, empujando a los trabajadores hacia situaciones de paro, miseria y  barbarie, si la clase trabajadora no lucha denodadamente por mantenerlos.

El debate duró más de dos horas y la próxima semana continuaremos con estas actividades formativas tan necesarias para entender lo mejor posible la situación social, económica y política, así como la necesidad para prepararnos en mejores condiciones para defendernos e incluso pasar a la ofensiva como clase trabajadora haciendo frente a los ataques que la burguesía está llevando a cabo contra nuestra clase a través del gobierno reaccionario del PP que es un agente declarado del imperialismo y trabaja a las órdenes de la Troika para defender la tasa de ganancias de los capitalistas, favoreciendo a los banqueros y despreciando a los ciudadanos.

ÁREA DE COMUNICACIÓN Y FORMACIÓN.

IZQUIERDA SOCIALISTA DE MÁLAGA-PSOE.A

 is-psoe.malaga@terra.es