Domingo, 17 de Febrero
de 2013 08:46
IE
Mariano Rajoy, esclavo de sus palabras:
«Cuando este partido ha detectado alguna irregularidad, ha actuado, y lo ha
hecho con un alto nivel de exigencia que nadie ha igualado». La frase es de
hace apenas dos semanas y, a la vista de las últimas noticias, envejece igual
de mal que sus falsas promesas electorales o las ruedas de prensa de Carlos
Floriano. ¿Cómo cuadrar ese «alto nivel de exigencia» con el trato dispensado
al imputado Luis Bárcenas? ¿Cómo explicar que el extesorero al que el PP dijo
haber «apartado» mantuviese su salario, el coche, el chófer, la secretaria y el
despacho? ¿Qué clase de transparencia es esta tomadura de pelo permanente,
donde un día se oculta la información y al siguiente se miente a los
ciudadanos?
Las explicaciones sobre
ese supuesto despido que dice el PP que pactó con su extesorero son
completamente inverosímiles. No parecen verdad porque son falsas.
¿Qué clase de despido
es aquel en el que el despedido sigue cobrando mes a mes y su empresa cotiza
por él en la Seguridad Social e incluso paga su IRPF? Respuesta corta: un
despido imaginario que, si alguna vez se pactó, jamás cumplió con los más
elementales requisitos legales; tiene la misma validez jurídica que las bodas
que mi hijo (4 años) celebra con sus compañeras de clase en el recreo.
Luis Bárcenas, según fuentes próximas al
extesorero, no ha firmado finiquito alguno; ahora están negociando la
indemnización sus abogados. Su «despido» no ha pasado por el Servicio de
Mediación, Arbitraje y Conciliación, ni tampoco ha empezado a cobrar el paro.
A todos los efectos
legales, Bárcenas ha seguido siendo uno de los empleados mejor pagados del
partido durante estos tres años que han pasado desde que fue destituido como
tesorero: 200.000 euros anuales. Cobró íntegra su nómina de diciembre y si no
cobró la de enero no fue porque terminase el pago acordado, sino porque el 17
de enero apareció a la luz pública su cuenta corriente en Suiza que lo cambió
todo. Al igual que ha sucedido con Jesús Sepúlveda, el PP no ha dejado de pagarle
por «su alto nivel de exigencia», sino porque la prensa ha empezado a trasladar
preguntas molestas y el vaso de la paciencia de los ciudadanos ha comenzado a
colmarse.
El PP y su exigencia
inigualable contra cualquier irregularidad también se ha negado a presentar la
carta de despido, el finiquito firmado o el historial de vida laboral de Luis
Bárcenas. Dudo que lo hagan. El «partido incompatible con la corrupción» se
vería retratado en estos documentos como una organización cuya palabra no vale
nada. Lo de menos ya es cuánto y cómo cobró Bárcenas. La clave es otra: ¿qué
sabe el extesorero para que el PP mienta sobre su situación laboral y se
desviva de esta forma por agradarlo?
EXTREMADURA PROGRESISTA